Empresas familiares de segunda generación: el complejo y exigente reto de los hermanos

Pymes | 07/04/2017

Las relaciones personales entre los candidatos a suceder al fundador de la empresa pueden ser una de las principales dificultades a la hora de continuar el modelo empresarial original. En España, un gran número de empresas familiares están pasando o van a pasar por esa segunda generación, que puede suponer la consolidación del proyecto o su decaimiento.
Mantener unos valores concretos y una comunicación fluida entre hermanos son las principales claves para el éxito del negocio familiar
  • Compartir frase en
  • Google+
  • LinkedIn

Las empresas familiares constituyen el 85% de las pymes españolas. Son, por tanto, el principal motor de la economía española, de ahí que existen innumerables estudios y servicios enfocados a este tipo de negocio. De entre ellos, hoy destacamos uno procedente de ‘La empresa familiar.com’, una consultoría que arroja luz sobre algunos de los principales retos de este tipo de negocios y ofrece importantes consejos para superar las particularidades de este tipo de negocios.

Que son bastantes y van a más conforme la empresa va creciendo y el fundador original cede el testigo a sus herederos. Es, precisamente, lo que está ocurriendo en estos momentos en buena parte de las empresas españolas, en las que la segunda generación llega cargada de ideas nuevas, pero también de formas distintas de entender el negocio, dependiendo de cada hermano. “La gestión de las relaciones entre hermanos en la empresa familiar es una tarea compleja y exigente”, se asegura en el estudio ‘Empresas Familiares de Hermanos: claves de éxito para el trabajo en equipo’.

Basadas en las respuestas de 200 hermanos y hermanas gestores de empresas familiares, este estudio muestras dónde están las principales dificultades de llevar un negocio con un familiar, pero también las posibles estrategias que se pueden seguir para que el trabajo del fundador no se vaya a pique.

Empresas familiares en España

Una de las principales claves, la edad

Durante todo el estudio encontramos una constante de la depende la satisfacción de trabajar entre hermanos: la edad. Aunque el 74% de los hombres y el 81% de las mujeres reconocen sentirse satisfechos con su ambiente laboral, a la hora de hablar de “interferencias” en el día a día, las cifras cambian.

Por ejemplo, según el estudio “Los hermanos con edades comprendidas entre 21 y 30 años, son los que reportan un mayor grado de interferencia. En esta etapa, los hermanos tienen mayores dificultades para asumir un código de valores y creencias comunes”.

Y si la juventud puede ser un escollo para manejar de manera optima el negocio, la madurez tampoco se queda atrás. Así, nos encontramos con que “en estas dos etapas, las necesidades propias del desarrollo y las demandas del grupo pueden llegar a ser contrapuestas, por lo que los hermanos tienen que lograr un equilibrio entre dichas exigencias, para consolidarse como un equipo conformado por hermanos que no tienen que renunciar a su individualidad para estar cohesionados en torno a unas metas comunes”.

Es la edad comprendida entre los 30 y 40 años, aproximadamente, la que parece gozar de mejores condiciones para que los hermanos alcancen una adecuada armonía dentro de la empresa: “superada la fase de incorporación al trabajo en la empresa familiar y concentrados en crear sus propias familias, los hermanos están satisfechos con las relaciones que mantienen entre ellos, se sienten motivados para trabajar en equipo y unidos en torno a los objetivos y metas que se han trazado. Disfrutan del tiempo que pasan juntos y se preocupan por mantener una buena comunicación que les permita alcanzar un consenso”.

Esta situación, desde luego, sería la ideal a mantener no solo cuando los hermanos han alcanzado cierta edad, sino durante todas las etapas de su vida. ¿Cómo conseguirlo?

Cómo mejorar el trabajo de equipo entre hermanos

Tras hablar con esos 200 hermanas y hermanas gestores de empresas familiares, el estudio concluye con una serie de consejos que se pueden aplicar en el día a día de estos negocios:

  1. La comunicación es fundamental: es imprescindible que entre hermanos exista una comunicación fluida y cotidiana, con la suficiente confianza como para que se planteen incluso los temas más delicados. Ahí, deberá ser el consenso el que ayude a tomar las decisiones adecuadas.
  2. La unión hace la fuerza: cuanta mayor unidad exista entre los hermanos y las decisiones que tomen –aunque procedan de opiniones diferentes-, mejor será para al empresa.
  3. Unos valores compartidos: las empresas familiares, más que ninguna otra, se suelen distinguir por los valores inherentes transmitidos por su fundador. La segunda generación debería tomar el testigo de esos valores y hacer piña en torno a ellos, como una manera de salvaguardar esa unidad mencionada anteriormente.
  4. Cohesión y autonomía: en el día a día los hermanos deben funcionar como una maquinaria perfectamente engrasada. Esto quiere decir que además de funcionar como un equipo, también deben ser capaces de tener autonomía y saber delimitar sus funciones, tanto para no excederse en sus competencias como para no quedarse cortos.

En BBVA con tu empresa | Qué tener en cuenta para contratar a un familiar en tu empresa