Cómo hablar en público o el arte de seducir a tu audiencia

Autónomos | 09/01/2017

Existen ciertas habilidades que tarde o temprano son de gran utilidad tanto para autónomos como para emprendedores. Una de ellas es, sin lugar a dudas, la capacidad de comunicar adecuadamente ante un número elevado de personas. ¡Y no es tan difícil como parece!
Preparación y práctica son las dos principales claves de todo buen orador
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Lo que comenzó siendo un pequeño negocio que apenas daba para tu nómina y la de tu socio ha terminado por convertirse en una sólida pyme que crece por momentos. Y ahí estás tú, frente a una sala llena de gente a punto de presentar tu nuevo producto, o una campaña de marketing y publicidad, o el nuevo local al que os habéis expandido. Todo el mundo espera que digas algo inspirador, tal vez emotivo, por lo menos interesante. Pero nadie te ha preparado para ese momento y te das cuenta de que, pese a ser un emprendedor de éxito, no sabes hablar en público. Vamos a solucionar eso.

Prepárate a conciencia

En el ejemplo que hemos utilizado para introducir el tema, nuestro emprendedor no había previsto que tendría que dar un pequeño discurso público. Es decir no se había preparado. Tal vez a la hora de hablar en público esta sea la idea más importante que debes de recordar: no dejes lugar a la improvisación. Tu presentación o discurso será tan bueno como el tiempo que le hayas dedicado a prepararlo.

Esto quiere decir que deberías de tener, por lo menos, un pequeño guión con las ideas clave que quieres transmitir. Este consejo es válido tanto para pequeños discursos de 5 minutos como para presentaciones más largas de media hora o más.

En cuanto a la manera de organizar tu discurso, a algunas personas les gusta memorizar frases enteras mientras que otras se valen con tarjetones que contienen ideas o datos clave. Hay una tercera clase de oradores, los que salen ‘a pecho descubierto’ sin ningún tipo de ayuda. Sea como sea, recuerda que debes mantener una estructura clara: introducción, nudo y desenlace.

La práctica hace al maestro

Prepararse también significa practicar. Decir las cosas en alto. Gesticular e interpretar los silencios. No cometas el error de redactar tu discurso y pensar que con eso lo tienes todo hecho. Una de las partes más complejas llega a la hora de darle vida a esas palabras.

Imagina que estás inaugurando tu nuevo local y comienzas a decir una retahíla de cifras que, en tu cabeza y sobre el papel sonaban fantásticas, pero que realmente no transmiten nada a la audiencia. Si haces pequeños simulacros de tu discurso en voz alta, puede que estos detalles no se te pasen por alto.

Los nervios pasan, de verdad

Para algunas personas enfrentarse a una pequeña audiencia de personas –digamos una docena o así-, supone todo un reto en el que el primer enemigo son sus propios nervios. Es una respuesta normal ante un escenario no habitual. Y de ello se ha escrito mucho: es el temido pánico escénico, que requeriría de muchos artículos para ser detallado en su totalidad.

Pero como consejo de emergencia sí podemos decir que los nervios suelen durar tan solo unos minutos. Si tu exposición es larga esto son buenas noticias, porque tras ese primer impacto lo normal es que recuperes la calma e incluso comiences a disfrutar de todo el asunto. Por ahí reside el detalle diferencial entre un buen orador y un orador del montón.

Disfruta de tu momento

Cuando una persona habla de lo que de verdad le apasiona, de algo que ha consumido muchas horas de su vida, eso se nota, se transmite con cada palabra. Así que en este sentido, cuando hables por tu empresa no vas a tener que hacer ningún esfuerzo: se da por sentado que te mueves en un sector que te interesa y que tu negocio es importante para ti. Intenta disfrutar de ese momento y de transmitir toda esa energía e ilusión a tu público. ¿Cómo? Por ejemplo, las anécdotas y experiencias personales suelen funcionar bien porque ayudan a empatizar.

Apoyate en recursos visuales

Para muchos oradores no es fácil enfrentarse a la mirada de decenas o cientos de personas. Hablarles directamente puede ser un mal trago, pero si tienes una presentación visual preparada, te puedes apoyar en ella para evitar ese momento incómodo.

Esto no quiere decir que vayas a darle la espalda a tu público durante todo el discurso, pero sí que puedes ‘desconectar’ de sus miradas durante los breves periodos en que te dirijas a la presentación.

Además, tener un recurso audiovisual te ayudará a mantener el ritmo de tu presentación y a seguir ese guión en el que has estado trabajando previamente.

Por último, hablar en público es una especie de arte, una capacidad que algunas personas tienen de manera innata pero que la inmensa mayoría debe trabajar como una habilidad empresarial más. Y como tal, solo se mejora con la práctica, la preparación y la paciencia.

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